miércoles, 24 de diciembre de 2008

Ofrenda Viva



Entre los sueños, la espera,
lumínica semilla
con que te nombro en cada ocaso,
praderas de escucharte
mientras dibuja la luna
su misterio,
paredes que una vez
fueron murallas
para mis pasos.
No más desfallecer,
no más oscuras,
clausuradas puertas,
si alguna vez temí
maldigo al tiempo,
me aproximo a las aguas,
abro mis venas,
lírica ofrenda,
me ofrezco
almohada
roca
lumbre,
me ofrezco
manos
humanidad
espíritu,
me ofrezco espera.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Balada para Evocarte



A Yarelys, luz de mis sueños

Cierro los ojos, canto,
la magia de tu voz vuelve a salvarme.
La ausencia era una isla demasiado cierta,
la esperanza un insulto,
una bofetada.
Perdóname el silencio,
mis distantes manos
que deberán aprender a acariciar tu cuerpo.
Perdona a este cantor de soledades
que no conoce los luminosos arpegios de evocarte.

Cierro los ojos, sonríes,
todo lo cambia esa mirada,
tu olor está en mis manos
y en mi piel el beso
—alma escondida en mí—
desde el amanecer del tiempo.
Si el tropel del caos,
si el remolino de inviernos
me hubiera alejado para siempre
tus ojos bajo el cabello sumergido
en la lluvia cómplice,
si alguna extraña sombra
lejos de mí te hubiera alzado
¿qué habría sido de mí?
¿qué habría sido?
Cierro los ojos
más clara es tu presencia
que la agilidad de un sueño.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Balada con una Ofrenda


Para Andreita Elena,
"escuchando" sus poemas.


Los oscuros cantos tejes,
tu voz llega en el viento
mientras la noche avanza;
tu voz corcel de luz
en el que vuelvo.

Bajo la sucesión
la ofrenda,
bajo la sucesión del día
y de la noche
la primera rosa del invierno,
su misterio escarlata
para burlar la muerte,
enigma que bordaron los amantes
antes de seguir sus pasos al olvido
sin más promesas que una rosa
contra el blanco de diciembre,
herido talismán
cual las efímeras migajas
que un niño dejara en el camino
(su im posible retorno).
Es todo cuanto somos:
límite asesino
y sueños como alas de remontar lo incierto.

Los oscuros cantos tu voz entona,
hechos con hilos de tu amada sangre,
de música se colma mi silencio,
ya no apunta su hueste de lanzas a mi pecho.
Solo ofrezco esta daga
con que he herido mi costado,
hierático puñal del que soy

víctima y verdugo
altar y ofrenda

en el ritual de dar luz a lo perdido.

viernes, 18 de julio de 2008

Invocación


Vas en el tiempo que huye hacia el poniente,

alas tiene el crepúsculo y lo sabes.

Derrama una vez más aquellas libaciones

que abren el horizonte

como una víctima propicia,

di las palabras justas

por si los sueños viven

en algún frío rincón de la inocencia.

Vas en el tiempo que cabalga

entonando el cántico de las estaciones:

una para la luz y las acequias,

una para la luz y las tormentas,

una para el crepúsculo que anuncia el fin

y otra sombría para la muerte y el comienzo.

La muerte ríe sobre la sangre del cisne,

sobre las flores últimas,

la muerte ríe y es el fin,

fin de otro ciclo incompleto

que se estremece sobre el polvo,

pero alza el cáliz por si los dioses viven,

di los conjuros

y no olvides,

también cabalgas en el tiempo

que huye hacia el poniente.

viernes, 20 de junio de 2008

Restless



Y todo cuanto fue consuelo

se vuelve humo de ningún incendio,

toda hermosura,

presa del olvido;

alguien dijo:

la luz asomará

tras la tormenta:

no hay calma perdurable

detrás de esta muralla, forastero,

solo un silencio de muerte,

un grito inmisericorde

de cuerpos que descienden,

no hay descanso para el paria,

todo cuanto cree alcanzar

se vuelve humo

olvido

oscuridad

nada.

Camagüey, 19 de junio de 2008

viernes, 13 de junio de 2008

Dolerán las esquirlas del llanto

sobre el rostro del que aguarda,

las sombras del camino harán el resto.

Parto tras el que va de espaldas al levante,

sus pasos en el país de la bruma;

no hay voz para el conjuro de los astros,

he de seguir sus huellas en el páramo y la nieve,

he de romper el hechizo que lo ata al monte de la noche,

a la ebriedad de ausentes días.

Dolerá el dardo del traidor,

su envenenada espera:

Alguien aguarda más allá de las colinas.


jueves, 12 de junio de 2008


Llorándose la muerte

como un hijo

está el escriba,

atento a aquella voz

que no pregunta el fin de tanta inercia,

camina entre sus huesos esparcidos

por el campo

donde un guerrero oscuro

levanta su alabarda,

camina entre la bruma

sin saber si alienta lumbre

o la propia tiniebla que le ronda.

Así me encuentra el enemigo al fin

¿qué armas esgrimir contra su furia?

¿cuál escudo guardará mi pecho de sus golpes?

Miro a mi diestra:

nadie,

nadie a mi izquierda

¡qué batalla irreversible se avecina!

Tañen los cornos

su nota más sombría

llamándome al combate por la luz.