lunes, 22 de diciembre de 2008

Balada para Evocarte



A Yarelys, luz de mis sueños

Cierro los ojos, canto,
la magia de tu voz vuelve a salvarme.
La ausencia era una isla demasiado cierta,
la esperanza un insulto,
una bofetada.
Perdóname el silencio,
mis distantes manos
que deberán aprender a acariciar tu cuerpo.
Perdona a este cantor de soledades
que no conoce los luminosos arpegios de evocarte.

Cierro los ojos, sonríes,
todo lo cambia esa mirada,
tu olor está en mis manos
y en mi piel el beso
—alma escondida en mí—
desde el amanecer del tiempo.
Si el tropel del caos,
si el remolino de inviernos
me hubiera alejado para siempre
tus ojos bajo el cabello sumergido
en la lluvia cómplice,
si alguna extraña sombra
lejos de mí te hubiera alzado
¿qué habría sido de mí?
¿qué habría sido?
Cierro los ojos
más clara es tu presencia
que la agilidad de un sueño.

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